Me estremece pensar
que pasa y se va
la vida
que yo, por ella paso
y que quizás, tras ella
la nada exista.
Me apena el fin
de la existencia
del cese, de la ausencia
de la falta de soledad
inclusive
y de la virtud
de la inteligencia.
Más que preocuparme
me inquieta
el envejecimiento
y el posterior deterioro
de mis celulas
de su degeneracion y decrepito
y la añoranza
de la vida, en ellas.
Me intriga el ser viejo
porque ser joven
ya sé lo que es
y sé lo que ser
niño era.
El ir conociendo
nuevos limites y limitaciones
la posibilidad remota y neutra
de que me espere
impaciente el cielo
el padecer y sentir
quejumbroso
los achaques con los que la vejez
caracteriza nuestro cuerpo.
No me asusta, pero lo intenta
no me da miedo
pero incomoda
la parca, guadaña en ristre
o lo hace menos
que ciertas personas.
Me duele el saber
que tan solo uno es
el final triste
y que tan palpable el antes es
como el después
etéreo e imposible.
que pasa y se va
la vida
que yo, por ella paso
y que quizás, tras ella
la nada exista.
Me apena el fin
de la existencia
del cese, de la ausencia
de la falta de soledad
inclusive
y de la virtud
de la inteligencia.
Más que preocuparme
me inquieta
el envejecimiento
y el posterior deterioro
de mis celulas
de su degeneracion y decrepito
y la añoranza
de la vida, en ellas.
Me intriga el ser viejo
porque ser joven
ya sé lo que es
y sé lo que ser
niño era.
El ir conociendo
nuevos limites y limitaciones
la posibilidad remota y neutra
de que me espere
impaciente el cielo
el padecer y sentir
quejumbroso
los achaques con los que la vejez
caracteriza nuestro cuerpo.
No me asusta, pero lo intenta
no me da miedo
pero incomoda
la parca, guadaña en ristre
o lo hace menos
que ciertas personas.
Me duele el saber
que tan solo uno es
el final triste
y que tan palpable el antes es
como el después
etéreo e imposible.







