Aprovecho el poder convincente que me otorgan mis sentimientos para decirte que te quiero y el de estas líneas para que quede constancia de ello.
Hijo, ya ha pasado mucho tiempo, el recuerdo ya es recuerdo, y tu niñez tan solo un eco del ayer, te echo de menos, si, lo reconozco, pero no has de preocuparte, yo y tan solo yo soy el culpable de quererte como te quiero.
No han de preocuparte mis versos, no te harán daño, yo, de joven también era como tú, pero con menos carácter, quizás algo más bajo, más pequeño, pero ninguno de estos problemas evito tener a un hijo como tú, la culminación más grande de todos mis sueños.
Un día, allá por mi adolescencia, cuando hasta lo más insignificante me daba y producía vergüenza, decidí seguir el ejemplo de tu abuelo, de mi padre, a partir de ahí, seguí sus consejos para ser más tolerante, y pensar menos en lo propio y más en lo ajeno.
Si en algo te fallé, lo siento, si por tu bien alguna meta no alcancé, aún sería capaz de hacer un último esfuerzo, ¿sabes?, se me ocurren mil perdones que debería pedirte, ¿sabes?, siempre he pensado que nosotros hacemos planes y la vida se encarga de cambiarlos o romperlos, construimos planes perfectos como gigantes rascacielos que la cruel realidad desmonta, como cuando un castillo de naipes es tirado al suelo.
Aprovecho esta ocasión hijo, para decirte que te quiero, quizás te lo digo tanto que me paso, pero es mejor pasarse que el no haber llegado, mejor siempre será para mí ser por exceso que no serlo por defecto.
Si quieres, coge el testigo que te ofrezco, el que todos una vez recogimos, el que pasa de padres a hijos, en el se guardan las experiencias, malas y buenas que hemos vivido, quizás te sirva de enseñanza para no volver a cometer los mismos errores que yo he cometido.
Te aseguro que hice todo lo que pude, dedique si las había todas mis virtudes a construirte un mundo a medida de fantasía donde vivir, un mundo de alegría, donde tan solo iban y vivían los niños a los que sus papas mucho querían, tanto o menos de lo que yo te quería y te sigo queriendo.
¿Fuiste feliz?, perdón por la indiscreción, quizás la pregunta no es esa o no es la correcta o quizás debiera realizármela a mí, ¿feliz?, vosotros dos, tú y tu hermana sois mi felicidad completa, vuestra existencia hace que cualquier sacrificio haya merecido la pena, si hijo, soy feliz.
Ahora es tu turno, ahora juegas tú, piensa bien y de antemano la jugada porque una vez perdida es difícil volver a jugarla, yo estaré aquí, detrás, en la sombra, vigilante de que nada ni nadie te haga daño.
Bueno hijo, antes de despedirme te envío el ultimo te quiero de esta tarde, mañana habrán más, besos cariño, hoy me devuelves subliminal e inconscientemente la vida que yo te entregue un día.
Carta sobre un sentimiento difícil de explicar.
Firmado- tu padre.