Situaban en el mapa
con un dedo tu existencia,
poco o nada
de ti conocían,
salvo lo que en los libros
la historia, de ti contaba,
salvo lo que entre generaciones
el saber popular transmitía.
Para unos
mito y leyenda,
para otros,
un sentido poema
que escribió triste el poeta
sentado sobre la arena,
en horas de bajamar.
Recitar,
como los niños lo hacen,
con la alegría de sus risas al jugar,
recitar,
con la melancolía de esa soledad
que me invade,
recitar ,
cuando no escucha nadie
o nadie quiere escuchar…
Allí queda
clavada como una cruz
sobre la tierra,
la esencia
de un paso errante,
la suspendida estela
de un breve
vuelo en el aire,
la huella en la vida
de un paso atrás y otro adelante,
la viva presencia
en aquel pueblo y ciudad.
Allí queda,
acariciado por el mar,
atravesado
por el rio y su ribera
San Adrian,
remanso espiritual
para el peregrino que llega,
recuerdo y nostalgia
en aquel,
que debe o decide marchar.
San Adrian de Besos,
sobre tu espalda mojada
nace el sol cada mañana,
las chimeneas se alzan
con la llegada del día,
y a su paso silba el tren
como a una mujer
a la que enamorar.
Cada ocho de Septiembre
de fiesta se engalana
San Adrian,
San Adrian,
las calles lucen
sus mejores trajes,
y desde el Ayuntamiento
vestido, con solemnidad
el pregón indica el comienzo,
de una ilusión
que no debería tener final.
Recuerda
con cariño a tus hijos
como yo a los míos,
San Adrián,
sigue ofreciendo cobijo
incluso al hijo
que ya no está,
a aquellos
que aún duermen contigo,
y a los nómadas
que te han visitado
buscando
la paz y la felicidad.




