Guardar la distancia no
es sinónimo de alejarse, es mantenerse cerca, lo suficiente para
sentir el calor sin llegar a quemarse, es protegerse, preservar
nuestra integridad e intimidad, es no dar de más para no
excederse, ni de menos para no llegar, es entregar parte de lo que se
tiene, sin compartir nunca su totalidad.
Guardar la distancia es
saludable, un ejercicio de responsabilidad, es tantear con cuidado el
terreno, para saber en qué y en quién se puede confiar, es no
dejarse hipnotizar por la excepcionalidad de un eclipse, pues como
todo aquello que existe es eventual, es no dejarse engañar más, por
lo que creías que otros sentían, y qué no se correspondía en nada
con la realidad.
Es saber cuántos amigos
se tiene, y con cuántos de ellos se puede contar, cuáles son los
que vuelven a la mañana siguiente, y cuáles son conocidos sin más,
es el distinguir qué secretos forman parte del nido, entre los que
los alcahuetes en su afán de protagonismo, han de lanzar a volar



