Hoy,
aquella montaña ya no es tan alta, el tiempo la ha ido erosionando,
su relieve es mucho más bajo y de su cima tan solo me separa un
paso.
Las
estrellas hoy están al alcance de mis manos, brillan en el cielo si,
aún siguen brillando, pero brillan como con su presencia puede
llegar a brillar cualquier otro ser humano.La edad y la experiencia han ido desmontando los bloques de piedra que desde lejos y por entonces parecían de brillante mármol, hoy aquellas colosales pirámides, como vencidas por el aire, parecen simples y comunes seres mortales.
Hoy, las aguas bravas y mansas, las claras y cristalinas que manaban y fluían de arroyos y manantiales han vuelto a su cauce, ayer, quizás, engañados como por un espejismo podíamos considerar que eramos distintos, pero hoy podemos afirmar con rotundidad que somos tan iguales como normales.
Hoy por fin, la vida ha pintado con grandes dosis de realismo a la fantasía, ha construido hogares y familias sobre paraísos ficticios que tan solo en las mentes adolescentes existían, a veces regalaba sueños y otras sin embargo rebajaba las expectativas.
Hoy para todos, el paisaje es el mismo, la existencia con sus virtudes y defectos nos puso a prueba y no todos lo conseguimos, a pesar de que las metas son distintas,
los horizontes son idénticos o muy parecidos porque forman parte del mismo infinito.
Nadie es tan único ni exclusivo, aunque los demás les permitieran creérselo, llega un día en el que hasta las flores mas hermosas se marchitan, hoy el paisaje común es hasta donde alcanza la vista, mas allá, no hay nada, las montañas que desde abajo parecían abismos son mas profundas que elevadas, y las estrellas presas de la gravedad de otros planetas se siguen viendo igual de pequeñas, como pequeños se sentían aquellos que hipnotizados las miraban.



