Como si fuera el último día de la vida, como si mañana
todo dejara de existir, como si la existencia sin avisar llegara a su fin, y no
hubiera tiempo para una despedida.
El último abrazo, el último beso, el último te quiero que
podamos darnos será el que quede en el recuerdo, aquella mirada, la palabra que
precedió al último aliento, el momento en que nos dijimos adiós, y desde el que
ya nunca volvimos a vernos.La importancia de mostrar nuestros sentimientos hacia los que queremos, de decirles lo que pensamos y no esconderlo como un secreto, de no dejar dudas, ni fracturas, ni culpas en el corazón de nadie, la necesaria necesidad de no entretenerse con la dejadez, la desidia y el orgullo para no llegar demasiado tarde.
Pensemos en la simplicidad del tiempo, que equipara un breve instante de nuestra existencia con la vida entera de un ser efímero, comprendamos que el último libro que acarician nuestras manos puede ser el último que leemos, y que el último beso o abrazo que hace un rato nos hemos dado, puede convertírse sin esperarlo, en el adiós más triste e inesperado.

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