Aunque en esta ocasión, sin fijarse en mí pasó de largo,
llegará una de ellas en que se detenga para preguntarme por mi edad, por mi
salud o por mi estado de ánimo.
Llegará un día en que ella salga en mi busca y quizás yo,
ya la esté esperando, quizás me encuentre dormido o me sorprenda escribiendo,
dejando sin acabar mi último libro.
Llegará un momento en que tenga que ser uno mismo el
siguiente, cuando no haya más de los demás o tras el paso adelante del que me
precede.
Investigará mi pasado y vendrá, mirará a ambos lados y
señalará al elegido de entre los menos vivos, no le temblará ni la mano ni el
pulso, verá que ya hemos vivido, reído y llorado, decidirá cómo y cuándo sin un
solo por qué y con ella me iré, como si nunca mi ser hubiera existido o formara
parte ya, de un irrecuperable pasado.
Será el momento de dejar
de pensar y de luchar, de dejarse llevar, de entregar nuestra voluntad mientras
la consciencia se desvanece y se dispersa, será cuando nos recuerden aquellos
que hoy nos quieren y a los que mañana, les duela nuestra ausencia.
