Allí fué, a medio vestir, a medio subir las escaleras de su casa, entre uno y otro peldaño de ambas camas, a medio bajar la falda de aquella montaña, Monte de Venus al descubierto, salvaje fruto del deseo, ríos de ardiente pasión centelleaban sumergidos en volcán sulfuroso de lava.Edulcorada savia derramaban sus labios, mis manos, y en ellas… sus senos profanos, mi corazón en el suyo, moribundo enamorado que entregaba su fe y alma al diablo.
Adios consciencia, te pierdo y te entrego por siempre al placer de los deseos.
Ahora, mi amor, ya no soy el que en ti se abandona en sueños, ahora, soy el que cabalga abrazado a tú bamboleante cintura, el que te suplica un instante de caridad y limosna a cambio de regalarte toda mi vida y un pedazo de blanca luna, de compartir como generosos misioneros cualquier tipo de sentimientos, beso o postura.
Cuanto te quiero cielo, amada y musa desnuda.