Como alumno aventajado, en esta escuela de aprendices de poeta, quisiera lanzar un poema al mundo, como el que lanza y hace volar una cometa más allá de la orbita de la tierra, y sujetarlo con un lazo a mis manos, o a mis brazos con un hilo o una cuerda para mantenerlo cerca, qué no escape al universo infinito, y allí sea solitario huésped de la inmensidad perpetua, un deshauciado papel que en el vacio espacio sus alas bate, con la vana intención de que alguien lo lea.
Como alumno adelantado que no aprende, y siempre tropieza con la misma piedra, quisiera subir al monte más alto, para acariciar el cielo y sus estrellas, y desde su cima recitar gritando, pues en la ladera existen rocas y piedras, que pretenden con un manto de silencio, cubrir llanuras y prados.
Como alumno de un maestro, como hijo de mi ancestro aprendo, que más filosofo o más sabio, que el que me dio la vida, y predico en mi con el ejemplo, con la experiencia de su vida, traducida al lenguaje de los signos y consejos, hoy te escribo otro poema padre, este para que sientas mientras vivas, que tú has provocado en mi, gran parte de lo que aquí relatan mis sentimientos, y que jamás será bastante o inmenso, la palabra que describa todo lo que te quiero.
