
Desconecto el teléfono y me siento seguro, a salvo quedo de atropellos, de intempestivas catástrofes y de diabólicas isobaras que como llamadas descargan su furia en irrespetuosas tempestades.
Ausente de la comunicación, invisible tras los cristales de cualquier escaparate, allí, no soy nadie, un cero a la izquierda, un ser insignificante como antes, ante la temerosa pisada de un gigante, un desconocido, un inmigrante en tierra de todos y de la que él no forma parte.
Nadie en quien fijarse a primer vista, pasan ante mi de largo los días, las personas, mujeres y hombres, y el aire caliente, transparente como el agua cristalina de los manantiales, no clarifica ni dispersa la niebla en el ambiente para poder divisarme.
Y yo, sigo aquí, devorando el tiempo, en ocasiones él, me devora a mi, a veces escribo y a ratos, muchos, me acuerdo de ti princesa, y a ti es a quien escribo.
Es más fácil asi, la vida te empuja a vivir aunque estés cerca o al borde de un precipicio y te sugiere un salto al vacio, hacia el otro lado, pasos adelante y no, pasos en falso.
Es más fácil asi, la soledad es momentánea compañera en la noche, y a la espera del nacimiento o parto del porvenir, la mente se desespera y te engendra por su cuenta, como siempre te imaginé, como la princesa protagonista de “La Vida es Bella”.
Sin ser distinto, confundido entre semejantes pasan de largo los días y no se aprecian los segundos ni las diferencias, sin hacer ruido, allí, solo, y el teléfono tampoco suena, la paz, aquella mujer de escultural personalidad que siempre llegaba tarde, ya llega.
Allí, desaparecido a los ojos de cualquier ser vivo, soy olvido para el recuerdo y esquivo como un vampiro a la luz del amanecer. Nadie pregunta, nadie por mi lo hace, oir, ver y callar esa seria políticamente correcta su respuesta a todos los males, los versos, aquellos que utilizaba para mitigar el desamor en enamorados terminales ya no surten efecto, por eso aquí, busco refugio y aunque llueva a mares el arraigo a este lugar, a esta tierra es cada vez más grande y me protege como a un hijo su madre. Aquí, soy más popular, me conocen por mis actos, el semblante se les hace menos raro, ya conviví con ellos en el pasado, aunque en ocasiones nos crucemos por la calle y a algunos, se les haga difícil y extraño el recordarlo.