Me preguntó,- ¿en qué piensas?, y no pude responderle, no encontraba la respuesta, la cabeza atormentada no paraba de dar vueltas, no se centraban en una todas las ideas, eran muchas y bramaban crepitando como lenguas de fuego en una hoguera.
-¿Qué te pasa?, ¿a que se deben esas pausas?, y desesperado no pude encontrar la causa, como el que no encuentra soluciones a los problemas que le afectan.
Tirando piedras a la montaña, escondí después la mano, y con ella se ocultaron respuestas a torturas perversas que siendo secretas no irían a ningún lado, hoy, me doy cuenta que apuntaba hacia mí mismo tejado, que al lanzarlas como un boomerang regresaban, y que al caer era la frágil mente el primer objeto que encontraban.
Llovían piedras como granizos, como puños de hielo.
Buscando donde
no encuentro para ello cobijo
buscando cuando
a la intemperie de los días desnudos
me sigo mojando.
