La felicidad vive despierta o aletargada en nuestro
pensar, tan solo es cuestión de pararnos a observar a nuestro alrededor para identificarla.
Lo suficiente es lo bastante, no necesitamos más para ser
felices, tengo suficientes años por delante, suficiente experiencia,
suficientes personas que me quieren, suficiente sol, agua, aire para poder
respirar y alimento. Tengo vida que es lo principal, y aunque tengo pasado y
recuerdos, también tengo futuro y proyectos llenos de ilusión por los que
luchar.La felicidad duerme en nuestra mente, y nuestra forma de pensar es la única que puede hacerla despertar o en su defecto, que quede por siempre esperando esa suerte, esa oportunidad que por sÍ sola nunca ha de llegar.
Aquí y ahora, ser feliz educando y reeducando el pensamiento y con ello la forma de vivir, trabajo y esfuerzo, constancia y confianza en el profundo cambio que se debe producir, si o si, pues nos va la vida en ello.
Un cambio no es un paso atrás, no es dejar de avanzar, sino que es ordenar el caos en el que se ha convertido nuestro cerebro, debemos dejar en un segundo plano aquello que equivocadamente creíamos importante y dar voz a ese ser espiritual que todos llevamos dentro.
En el atardecer de la vida, como llamaba en una película un filosofo a la madurez, cuando la piel empieza a arrugarse, suelen venir a cuento los cambios tanto físicos como psíquicos que hacen tambalearse por completo el hasta ahora equilibrado cuerpo, tan solo es cuestión de adaptarse a ellos, pues a partir de ese momento, ellos han de ser nuestros inseparables compañeros.
