Fueron muchos los desprecios, los insultos
y las faltas de respeto. Excesivos los nervios, los insomnios y los momentos de
desesperación en los que deseé desaparecer literalmente por completo. Mucho el
miedo, varios los golpes, inmensa la sinrazón y la tensión, poco el amor si es
que algo de él hubo en algún momento.
La rabia, la ira, el orgullo mal entendido
y la envidia, el odio acumulado de otras vidas, el querer encontrar un culpable
en cada gesto articulado o en cada dulce palabra que a expresar me atrevía.Fueron tantos y tan profundos que no pueden llegar a ser olvidados, perdonados sí, pero desde la distancia, desde el paso del tiempo y con mucho cuidado, siempre, siempre escondido y aquí, casi desde el anonimato.
Fueron muchas las vejaciones, los desaires, tristes las reuniones familiares, las de amistades, las navidades y los aniversarios, cualquier buen momento era bueno, era el adecuado para estropearlo y transformarlo en malo.
Demasiada crispación, recurrentes truenos y rayos, cuanta desesperación, cuantas veces llore a solas en mi cuarto, aún sigo mirando atrás y veo en el suelo corazones destrozados, corazones que nacieron para amar, pero que murieron antes de llegar a amar o a ser amados. Fueron sangrantes las heridas por dentro y por fuera, y dolorosas las cicatrices que en la piel y en la mente estas dejaron, fue evidente el olor a muerte del maltrato.
Siento si este relato te ha hecho
estremecer o quizás te ha escandalizado, a mi en su momento me hizo casi
enloquecer, por eso necesitaba darlo a conocer para que aprendieran de él
propios y extraños. Para cuando dudes de su veracidad, por si aún así sigues
dudando, hoy te regalo un minuto de mi ayer, y después si tienes fuerzas para
mantenerte en pie, comparte conmigo tu llanto.
