Abrir
los ojos, aprendida la lección, no es por uno la vergüenza, ni el
sonrojo por los dos, y de las cosas que son como son, que no como las
vemos tú y yo, y del por qué preocuparse por ellas, cuando sobre
ellas no podemos influir, ni podemos ejercer ninguna modificación.
Tomar
nota, dejar de negar las evidencias, actuar en consecuencia tras
meditar reflexionando sobre el tema para evitar tropezar con la misma
piedra, y de negar el sustento a enseñar a cultivar la tierra, y del
dejar de pagar con dinero los sentimientos al ofrecer una recompensa
por una esperanza cada vez más incierta y cada vez más lejana del
tiempo.
Y
provocar estampidas, caídas que hagan reaccionar a tiempo, abrir la
mano para dar la mano, ofrecer ayuda cuando sea necesario pero
dejando a cada uno hacer su trabajo, la vida es así, renovarse y
adaptarse o sucumbir, ya que todo lo demás está condenado al
fracaso.
