Esperar
de vez en cuando, a que muestren interés vuestros amigos, que
vuestros hijos se acerquen, que vuestras parejas os recuerden que os
quieren.
Dejar un
espacio para la reflexión, para valorar lo que se tiene, para la
importancia a la que se debe una relación, para
ver como te ven, sentir como te sienten, ofrecer espacios para una
elección libre, mantener la distancia dentro de la zona caliente,
observar desde fuera y en perspectiva y asumir riesgos, ser o no ser,
esa es la cuestión, existir y hacerse visible a la mirada del
corazón.
Obrar en
consecuencia, el sentido común te dice que no todo el cielo es azul
sino que tiene otros matices, la vida no puede esperar eternamente la
llamada que por si sola nunca ha de producirse, ni la atención de un
amor imposible.
Pero el
viaje de vuelta es necesario, te vas, te marchas y si alguien queda
esperando, el regreso no habrá sido en vano, lo mismo ocurre con los
sentimientos y con el afecto, que necesitan de un espejo donde verse
reflejados, de un jardín donde ver nacer aquello que han sembrado,
de la recompensa que le supone al corazón, recibir al menos en parte
algo de todo aquello que ha entregado.
Sacar
conclusiones, hacer una critica constructiva de la situación,
descifrar e interpretar las señales que emite la razón, acercarte a
quien piensa y vive como tu, llegar allí donde te esperan, y estar
donde tu compañía sea recibida y vivida con gratitud.
