Cuando me escuches, no quieras oír en mi voz, el eco de
tus palabras, cuando me mires no pretendas ver en mí, el espejo que te devuelva
la imagen preconcebida, de lo que entiendes tú que debe ser una persona. No somos duplicados exactos, ni seres que hayan dado
idénticos pasos, parecidos pero distintos, cada uno con nuestros propios
sentimientos y principios.
No puedes valorarme ni juzgarme por lo que quizás nunca
he dicho, ni en base a tus ideas, hemos de ser imparciales en nuestra
apreciación, pensar en que es lo que harías y dirías tú, en circunstancias
semejantes.
Yo dejaría de ser yo, si cambiara mis hábitos, costumbres
y forma de vida para agradarte, no ambiciono tu aprobación tampoco, pero todos
debemos saber y aprender, que tanto el saludo como el respeto, no debemos nunca
negárselo a nadie.
La empatía y la tolerancia nos unen en una cadena de
favores, hoy por ti y mañana por mí, una cadena que ha de servir para facilitar
y hacer posible la convivencia, no han de percibirse las diferencias como una
ofensa, al fin y al cabo, ambos provenimos en nuestra esencia, de la misma nube
de partículas, que una vez formó una misma galaxia o una misma estrella.
