A primera vista y desde la segunda fila, observo como hay terceras personas, que aunque caminen erguidas como cualquier ser humano, lo que es mucha inteligencia no les sobra.
A primera vista engañan, porque tras una falsa apariencia esconden una patológica soberbia que no muestra su personalidad, en toda la extensión de la palabra.
Quizás por no complicarse la vida les aplauden, quizás por no llevarles la contraria callan,
quizás necesitarían que alguien les explicase, que tan solo de ignorantes se alimenta y nutre la ignorancia.
A primera vista nos impresiona su imagen idílica, dulce, seductora y hermosa, pero es a última hora del día, con el sol ya ausente, cuando nos damos cuenta realmente, de que lo que proyecta es menos de lo que nos importa, y que no va, nunca más allá, de la distorsionada superficialidad, de su sombra oscura y alargada.
Aprender a escuchar antes que a hablar, conocer los diversos caminos de la vida como paso previo al de aventurarse a andar, saber sobre que desconocido terreno pisas cuando opinas de la forma de ser de los demás, y entender que el orgullo instruye en la prepotencia a los suyos, así como la empatía hace lo propio con el resto, a través del ejemplo y la humildad.
A primera vista engañan, porque tras una falsa apariencia esconden una patológica soberbia que no muestra su personalidad, en toda la extensión de la palabra.
