Si mi deseo es caerme, cuántas más piedras encuentre en el camino,, cuanto más oscuro sea el momento y más arena se acumule en mis zapatos, más cerca estaré de el suelo.
Cuando la tormenta es bienvenida porque la tempestad en su afán de agitar acuna, cuando la lluvia limpia y refresca, cuando el afilado y zigzagueante relámpago roza la piel como una caricia y cuando el trueno y su estruendo como efecto secundario del primero se escucha como canto celestial, como fluir sonoro de un manantial en melodía.
Cuanto peor mejor, que ciego estuve y anduve, nunca hubiera pensado que el caos y la pobreza humana que no economica pudieran ser utilizados en mi favor, aunque escondido lo negativo tenía que tener algo de positivo y yo lo he encontrado.
Nadar contra corriente a veces te lleva hacia donde uno quiere y esta es una de ellas, y si el viento sopla en contra y desconoce a la vez tu destino te arrastrará como a una hoja pero su intención no es la mía, y la mía menos aún las suya, no compartimos viaje ni trayectoria ni dirección ni medio de locomoción sin embargo y aún pareciendo contradictorio todo ello ayuda
¡¡¡ Gritar más fuerte!!!, ¡¡¡ más alto!!!, que el corazón no puede oír ni escucharos porque ya está en otro lado.
¡¡¡Juntaos por miles y millones!!! que uno solo es el hombre y solo uno su propósito y en su beneficio no dudaría ni un segundo en aliarse con el diablo.
Y cuando esté perdido todo, arrasados los campos, la convivencia y la cordura, cuando se apodere de las mentes del rebaño la incoherencia y la locura serán evidentes las fracturas sobre la piel de la vida.
Ante un incipiente naufragio, quizás hasta yo colabore en provocar un hundimiento más rápido, y enarbole su bandera como un espía infiltrado, un trapo de colores repudiado y traicionado a las primeras de cambio.
Y una vez sumergido en el fondo de un profundo pozo, un abismo infinito y siempre con los míos a salvo, será el momento de despedirme de nadie antes de abandonar definitivamente el barco.