Unos son víctimas de ellos mismos, otros, sin embargo se entregan en brazos del hastío y de la monotonía al verse solos al sentirse perdidos, al aceptar la culpa ajena como propia, como castigo por un delito no cometido.
Se resignan, se consuelan mientras vuelan los años como nubes pasajeras que no dejan lluvia, que huella no dejan.
Viven, sobreviven, malviven en prisiones tejidas con palabras y amenazas.
Pasividad, parsimonia, apatía, la misma historia cada día.
Ya no bailan como antes, ni se abrazan como antaño, ni pasean de la mano aunque vayan uno al lado del otro.
Como tantos, como tantas parejas, compañeros de vida hoy desconocidos y extraños, bajo un mismo techo, un proyecto fallido, el amor dando un paso en falso, no sin antes haberlo intentado se fué por donde había venido.