Llegan las fiestas, el año viejo deja paso a un nuevo
año, en la mente se abren paso los deseos y los sueños, una vez dormidos, tras los ojos cerrados.
Días de Navidad, de echar de menos a los que no están, y
a los que aún estando lejos, siempre y tanto se recuerdan porque forman parte
de nuestro pensamiento en su ausencia.
Tradición familiar, se reúnen alrededor de la mesa
familias enteras, mientras cantan, ríen y bailan, la felicidad que es pasajera
salta de unos a otros y los niños entre juegos la acompañan a ella.Desde fuera, colgando en un cielo negro y raso de la mano de dos estrellas, se balancea el tiempo que nos observa celebrar la noche buena, la escena, tan melancólica como alegre y tierna, cálida brilla e ilumina los corazones de todos los presentes, como el candente fuego de una hoguera, la ilusión se divierte al son de una graciosa pandereta, mientras los peces sacian su sed bebiendo una y otra vez en el rio, y la virgen entre cortina y cortina, sus cabellos de oro con un peine de plata fina peina.
Todo forma parte en estos días, de los detalles que grabados quedaran por siempre en una nostálgica fotografía, momentos inolvidables y entrañables mañana, y que hoy decoran las postales navideñas.