Parecía que se iba a detener la vida, que en ese momento
no había vida más allá de la vida, que lo que existía era solo lo que se conocía,
y que lo demás era simplemente un estado ausente, vacio de personas y colores
en el que nadie vivía.
Te aíslas en un circulo a medida, el cual actúa como un
laberinto sin salida, a fuerza de repetirla mil veces llega a convertirse en
verdad la mentira, y las costumbres y los hábitos de vida parecen ser los
únicos disponibles, cerrándonos la puerta quizás por comodidad a nuevas
aventuras y experiencias.Pero la realidad es otra, tras un brusco cambio en el
orden natural de las cosas, tras el caos primigenio y la confusión, la
situación aprende y por si sola busca otros alicientes, modos, maneras, formas
y personas diferentes con las que repartir y compartir los recién nacidos retos
en tu vida.
Cuando crees que todo ha acabado, que has dado el último
paso, te sorprende tu otro pie, para demostrarte que estabas equivocado, cuando
ves a los amigos alejarse por los caminos por los que junto a ellos paseaste
creyendo que eran veredas, y que en el escenario en el que actuaste era solo un
decorado de cartón piedra, te das cuenta y piensas que debes hacer borrón y
cuenta nueva, y reescribir la historia confiando en que esta vez, ella será
fiel a la memoria y a la voluntad del poeta.
