Cuántos momentos juntos, ya ni recuerdo su número, cuántas derrotas, cuántas heridas nos curemos el uno al otro, cuántas lágrimas derramaron sobre la misma causa nuestros ojos, perdimos el honor y la dignidad, eran las únicas armas que teníamos para luchar, nos abandonó el olvido a nuestra suerte, y sin más alimento que llevarnos a la boca, quedamos expuestos a las caoticas fuerzas de la soledad. Ellas, ellas se encargaron de aislarnos en trincheras diferentes, divide y vencerás, separados y más débiles perdimos cualquier posibilidad de continuar, hoy son nuestras cicatrices las que han cerrado en falso el compromiso de lealtad que nos juramos.
Otros siguieron caminos parecidos a los trazados por nosotros mismos, nuestra sombra fue marcando la historia y ellos tan sólo tuvieron que seguirla, nuestra sombra fue como la alfombra que les daba la bienvenida, después se dejaron llevar por la inercia, por nuestra promesa ajenos a las traiciones, a la falta de palabra, al no darle importancia a un compromiso firmado sobre papel mojado.
Ahora te veo y casi no te reconozco, tus gestos, tu lenguaje e incluso tu forma de mirarme es otra, la calle se vuelve selva y en ella tras un cierto periodo de tiempo llegan a convertirse en animales las personas, desconocidos que asumen su derrota como el mejor de los finales posibles, el valor de una amistad no es su valía, sino la que cada uno le queramos dar, a la vista desnuda de todos quedan la ceguera, la entrega, el honor y la lealtad.
No sé,
como tomarme tu adiós,
si como una despedida definitiva,
o como un paréntesis
en nuestra navegación,
mientras esperamos a que las aguas
bajen más tranquilas.
