Ya
paso el tiempo y momento de ser condescendientes y querer siempre agradar a los
demás, ya pasaron y hemos pasado por todas las estaciones del año, ya es hora de
ser uno mismo, ahora podemos mirarnos de frente, en igualdad de condiciones,
desde la misma altura, sin complejos que
por erróneas creencias nos diferencien, sin asustarnos el uno del otro, de tu a
tu, de ser humano a ser humano.
Hoy,
salvo para los egocéntricos que creen serlo, el centro del mundo se sitúa en
múltiples puntos, ya no son únicos ni los únicos, la soberbia y la vanidad
quedaron atrás como conceptos antiguos, son valores que ya no valen excepto
para los que aislados en su propio mundo se han negado a crecer y a evolucionar.Hoy ya no hay necesidad de fingir, de peinarse a la moda, de vestir la ropa que por llamar la atención de otra persona nos desnudaba por dentro dejando nuestra dignidad y autoestima a la intemperie tirada en el suelo, ya no tenemos que cruzarnos intencionadamente con semejantes de los que solo conocemos su espalda, ni con los que con respecto a nosotros no conocen absolutamente nada, ellos se lo pierden puede y si no pues ellos se lo ganan, seguramente piensen equivocadamente pero esa es una actitud que no nos concierne ni corresponde cambiar, hay que dejar marchar a quien no quiere permanecer a nuestro lado, no es que se vayan tampoco voluntariamente cuando dejas clara tu forma de ser y abres la puerta invitando a salir a aquel que no se siente cómodo.
Es la vida, es el proceso de la existencia, es la debilidad de un día que despertó al siguiente con una renovada e inusitada fuerza, es la razón sobre la ceguera, es el poner como Jesús la otra mejilla sin ofrecer si la hubiere una tercera, es la seguridad y la confianza adquiridas al entender que eres como todos igual de importante, es el ser como eres sin esconderte, es el no necesitar ponerte de rodillas cuando hablas para que te vean.
Mis
pensamientos como los de cualquier otro son igual de legítimos, han de ser
respetados a pesar de no ser compartidos, mis ideas y mis sueños son míos y soy
yo el que decide como expresarlos y vivirlos, por y con ello no pretendo entrar
a valorar la moral, ni la filosofía de vida de otros, ya pasaron a la historia
las funciones en las que uno no paraba de aplaudir aunque no formase parte del
espectáculo, de sonreír las gracias sin gracia, ya paso el tiempo y ahora toca
vivir sintiéndonos lo especiales e importantes que como seres individuales
somos.
