Como la banda sonora que suena de fondo en una emotiva película,
como el rítmico acompañamiento que interpretó el corazón durante toda su vida,
como la melodía en la que se transforma tu voz al escucharte, como el sonido
esperado que de regreso me devuelve el eco, y el que abandona mi boca para
llamarte. Como el mágico y cautivador estruendo de un trueno al
rasgar la acristalada piel del cielo, como la armoniosa música que interpreta
el amor y que nos hace sentirlo aunque no lo vemos, como la contagiosa risa de
un niño, como el hipnotizante susurro que emana de los instrumentos de viento.
Como el fiel espectador que deposita la confianza de sus
cinco sentidos en el oído, como el rumor que en el silencio como un secreto se
propaga, como la canción que al escucharla nos trae gratos recuerdos, como las
palabras que encadenadas alcanzan su significado pleno al decir “ te quiero” o “
te echo de menos”.
Como todo aquello que es capaz de enamorarme y enamorar
mi alma, así suena en si mayor, la sinfonía que para mí, compuso Marta.
