No te diré que me emocioné, que me refugié en tu espalda para esconder el llanto, que incluso hubo un momento en el que por miedo huí como un niño herido buscando consuelo al mal que provocaba mi dolor y lamento.
No te diré nada, aunque al verte caminar se ahogue en tristeza mi garganta y mi mirada como mi alma se llenen de lagrimas, ni aunque lo intentes con todas tus fuerzas y no puedas, y yo ayudarte a aliviar tus males tampoco pueda, ya quisiera yo evitar tu paso lento, parar el tiempo y que este en una evolución inversa retrocediera.
No te diré nada que ya no sepas, no te diré que pienso en aquel recuerdo cuando siendo yo un niño pequeño de mí y de mis dos hermanos cuidabas, ni de cuando ofreciste tu casa y tus atenciones para que mi madre en sus últimos días se curara.
No te diré tía, mi tia Dominga, que me siento orgulloso de ser tu sobrino, que es lo más parecido a ser tu hijo porque siempre he sentido muy cercano y cálido tu cariño, porque te quiero tía, te agradezco todos los momentos felices que junto a ti y en compañía de nuestra familia he vivido como un regalo.