La convivencia es respeto, conservar cada uno su espacio
y establecer unos límites desde el primer momento, ceder para negociar no para
agradar, ni por temor a su reacción o para que no se enfade, es también no
dejarse manipular ni anular hasta que te hacen sentir que no eres nadie, es
poder opinar, que te recuerden que te quieren y lo que vales, que te regalen
una sonrisa o una palabra amable, que piensen y se preocupen en y por ti, todo
ello es convivir y vivir, lo demás es vivir por vivir o morir lentamente quizás
sin que se de cuenta nadie.
Me pregunto a mi mismo si te quiero, pero antes debería
preguntarme como y que me haces sentir, si alegría o tristeza, si resignación
ante el dolor o la belleza de un primer amor en la adolescencia, si cuando
estas o no estás te echo de mas o de menos, si quisiera buscarte a cada
instante para abrazarte u olvidarte y borrarte para siempre de mi mente y no
volver a verte jamás.
¿Te quiero?, ¿me permites o me dejas que me quiera yo
primero?, ¿te haces querer?, ¿te mereces realmente que te quiera?, busca tu
razón de ser entre las respuestas, depende de ellas y de qué y quien quieras
ser, del equilibrio entre lo que vas a ganar y lo que puedas llegar a perder,
de la decisión que ha de ser firme e irrevocable, de tu valor, del desgaste,
del cansancio, del pensamiento claro de que para este viaje no existen atajos
ni sacaste billete de vuelta, depende de ti, aunque para conseguirlo y llegar a
la meta por fin debas atravesar un camino difícil y escarpado, aunque todo tu
mundo, en el que vives ahora desaparezca tras de ti, al cerrar para no volver a
mirar hacia atrás, la puerta.
