Nada tiene de justa la justicia cuando el que legisla y hace las leyes es el propio delincuente. Cuando un gobierno puede indultar a diestro y siniestro bajo un criterio particular e interesado. Cuando no hay separación de poderes, jueces que obedecen complacientes la voz de su amo, ordeno y mando.
Cuando la Fiscalía ¿de quién depende la Fiscalía?, dijo socarronamente un presidente deslenguado. Cuando dilatan procesos judiciales a sabiendas en el tiempo para que prescriban. Cuando dependiendo si el abogado es de oficio o beneficio puede ser el acusado absuelto o condenado.
Cuando las togas y togados convierten un juicio en un circo o en un espectáculo, y el derecho a la defensa en buffets de lujo al alcance de unos pocos privilegiados, aunque la Constitución en un artículo de lo más kafkiano afirme lo contrario.
Menudo tinglado- negocio-chiringuito tienen montado, desde fiscales hasta jueces, pasando por abogados, procuradores y notarios. Juzgados y Tribunales doblemente duplicados, recursos y más recursos, y paga, pasa por caja y abona los gastos.
Qué si uno no tiene competencias, otros jurisprudencia, que si sobreseimiento del caso, que si aforados inmunes a la justicia ordinaria, sus señorías, Sus Altezas, sus eminencias, todo un plan maquiavélico y orquestado.
La justicia no es justa pero somete y controla al rebaño.
No creo en la justicia de los hombres, ni en magistrados de renombre, ni en el montaje en que se convierten los procesos judiciales tan falsos como el beso, de Judas Iscariote.