Desde luego no seré yo,
el que ponga o no en cuestión, la verdad o la razón
la sombra de la duda que toda idea plantea.
Desde el respeto y la educación, es válida cualquier opinión ante la falta de irrefutables
y determinantes pruebas.
Expertos,
que dicen y se desdicen,
el fin justifica los medios,
el control del rebaño y el miedo.
Según los repartidores de etiquetas, antigua Santa Inquisición, también son negacionistas los herejes ateos que niegan la existencia de Dios.
Que se vacune el que quiera
y que asuma sus consecuencias, que cada uno pasee libremente por lo plana o esférica
que sea su planeta Tierra.
Que si fumigan, que si son inofensivas estelas,
que si el clima cambia,
para algunos científicos solo
una verdad a medias.
Hablemos del virus, de epidemia o plandemia, nadie sabe, no contesta sobre su origen y procedencia.
China prohíbe, no permite que se investigue, pero no pasa nada, aquello ya es agua pasada.
Negacionistas todos, los que siguen haciendo negocios
con los otros
en cenas de protocolo.
Los gobiernos, la corona y las farmacéuticas
aplauden y premian
a los que usaron a la población como ratas de laboratorio.
A ninguno se le hiela la sangre, ni tiene cargo de conciencia, ni se siente culpable, ni responsable de la tragedia.
Según los repartidores de etiquetas, antigua Santa Inquisición, también son negacionistas los herejes ateos que niegan la existencia de Dios.