Cada paso que damos, influye ineludiblemente en el
siguiente, cada decisión que tomamos, cada acción que ejercemos provoca cambios
inconscientes, mil combinaciones diferentes se suceden según fuese el camino
elegido. Es la duda junto con el principio de incertidumbre los
que se unen y actúan para desencadenar un final distinto en la vida del hombre
y como efecto colateral, en la historia y vida de los demás, puede parecer
extraño pero nuestros actos de hoy, guían y orientan el futuro hacia uno u otro
lado.
Es la teoría más que fascinante la que directamente
relaciona como causa, el imperceptible aleteo de una mariposa con un devastador
huracán a miles de kilómetros de distancia, es la idea interpretada de esta y
otra manera en la que se basan las escuelas de filosofía para afirmar cúan
importante es pararse a pensar antes de hablar y actuar, cuidando tanto las
formas como los modos, mejor antes que después, mejor no llegar que pasarse,
sembrar, sembrar y sembrar, para recoger el fruto de lo sembrado más tarde.
Reflexionando y a través de uno de los personajes (George
Amberson), de una de sus últimas novelas (22/11/63), asegura Stephen King, que
el pasado a parte de armonizar consigo mismo es obstinado, y muy sutilmente
proporciona obstáculos al camino porque no quiere ni desea ser cambiado, y
quizás tenga razón, y sea mejor así, tal como lo conocemos, porque nadie
asegura que al entrar en juego nuevas variantes, estas hubieran podido o no,
incidir y de que manera en posteriores recuerdos, pero el mañana si es
susceptible y posible de cambiar, porque el aún está por llegar, pendiente de
ser imaginado por nuestra mente, y creado por nuestras palabras y actos.
